El
Puente de los 3 ojos, que se encontraría sobre la actual M-30,
ya desaparecido.
No es desconocido
que durante los años 70 y 80 Vallecas fue un hervidero de manifestaciones,
huelgas y reivindicaciones. De entre las muchas manifestacioneshabidas
en esos años, habría que destacar una que tuvo lugar en
1984 y que posee un carácter muy especial: el de no estar motivada
por razones prácticas sino afectivas y no tener origen en un hecho
social sino sentimental.
Todo el lío comenzó la noche de un sábado a las 11
de la noche, cuando los técnicos ponen cargas de dinamita para
volar el viejo Puente de los Tres Ojos, que, debido al nuevo ancho de
las vías del ferrocarril, había devenido inservible, edificándose
un puente nuevo.
Rápidamente
se reúne una inconmensurable multitud de vecinos con trompetas,
tambores, tapas de cacerolas y cualquier instrumento ruidoso que sirva
para manifestar su protesta contra el derribo del viejo y querido puente,
al cual no solo todo vallecano consideraba, y con razón, un elemento
paisajístico urbano absolutamente definitorio de la zona, sino
que algunos habían nacido bajo sus arcos y ese derribo les dolía
tanto como si se tratase el de su propio hogar.
El motivo de tirarlo en plena noche era debido a que sus fragmentos caerían
sobre la carretera y esta tenía que estar despejada al día
siguiente para no interrumpir el tráfico.
Para colmo de males el viejo puente se resistía a desaparecer y
tras el estallido de la dinamita queda asombrosamente intacto. La razón
de ello era que la estructura no estaba apoyada sobre sus pilares, como
hubiera creído cualquier arquitecto sensato, sino en unas vigas
de ladrillo de cuatro metros de ancho por otros tantos de grueso y que
recorrían toda la longitud. Pero como tal ingenio no era visible,
resultaba milagroso esa supervivencia a la dinamita del aparentemente
frágil puente. Además era imposible el uso de mayor potencia
explosiva porque se hubiera corrido el riesgo de hacer volar el nuevo
y recién construido puente, que estaba a muy poca distancia del
antiguo.
Mientras los expertos averiguaban todo esto, iba creciendo el número
de vallecanos que, llenos de emoción, ira y rabia ante la obstinación
de aquellos técnicos en reddibar "SU" querido Puente
de los Tres Ojos, gritaban "Ingenieros al paredón! Siendo
necesaria la presencia de un gran número de fuerzas del orden para
contener a los manifestantes, temiendo que llegaran a linchar a la patrulla
de derribo como que el puente acabara por desplomarse y hubiera alguna
desgracia.
Así pasaron veinticuatro interminables horas llenas de tensión
hasta que, sabida ya la razón de aquella inesperada resistencia,
se trajo una perforadora, de las llamadas de "pico de pato",
consiguiéndose que cayese, a las seis de la madrugada del domingo
siguiente, aquel puente de los Tres Ojos que tanto representaba para los
vallecanos y que conoció la despedida más sentida, ruidosa
y tumultuosa que ningún viejo monumento haya tenido jamás.
(Extracto del libro "Madrid Villa y Puente. Historia de Vallecas",
de Luis H. Castellanos y Carlos Colorado. Ed. Avapiés 1988)
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